Si tienes clientes, compañeros, empleados o colaboradores (o incluso jefes) que pertenecen a otra área cultural, eso puede causar una serie de problemáticas. Cuanto más diferente o desconocida sea esa cultura, más difícil se nos puede hacer actuar con propiedad. Pero incluso, cuando pensamos que las culturas son bastante parecidas y las barreras lingüísticas bajas, digamos para un español que se tiene que mover en un país sudamericano o una persona del Norte de Europa en EE.UU, nos podemos confundir totalmente, puesto que aunque hablemos el idioma y pensamos que conocemos algo sobre la otra cultura, puede haber matices que a nosotros nos parecen normales pero a nuestro destinatario le ofendan. Así por ejemplo le pasó a una alemana sobre la que leí un artículo hace poco y que había montado una empresa en EE.UU. Hablaba muy bien el inglés y la cultura norteamericana no le pareció lo suficientemente diferente como para plantearse que tenía que actuar de alguna forma especial. Pues, se le iban los empleados. Casi todas las semanas tenía alguna baja hasta que  se tuvo que plantear qué era lo que le molestaba a la gente. Resultaba que el problema era que los empleados echaban en falta que se les dijera lo bien que hacían su trabajo, que se les mencionara en reuniones cuando habían terminado algún proyecto con éxito y que en general se les motivara más. La jefa era totalmente desconocedora de que eso es lo usual en EE.UU. cuando en Alemania no lo es en absoluto. Incluso, mencionar el proyecto de alguien en una reunión pública, al no ser ya una cosa de muchísima importancia, a ella le habría parecido embarazoso. Parece un detalle muy pequeño y fácil de arreglar, pero esa persona casi tuvo que cerrar su empresa porque era incapaz de mantener a sus empleados.

¿Qué tal tus destrezas internacionales?

Imagínate que en vez de estar en tu oficina, con tus compañeros y tus clientes de tu mismo país, de repente tuvieras que tratar con un jefe en París, reunirte con un proveedor en China o evaluar a un empleado o colaborador coreano. Cuando cruzamos fronteras culturales, a menudo nos encontramos con situaciones que nos obligan a actuar fuera de nuestra zona de confort. Hay un hueco cultural entre nuestro comportamiento usual, al que estamos acostumbrados y el conocimiento sobre cuál es el comportamiento apropiado en la situación en la que nos encontramos ahora mismo. El éxito o fracaso de nuestro comportamiento no solo dependerá de cómo exactamente conozcamos qué es lo que hay que hacer sino también si estás cómodo o no con la situación que se te presenta. Típicas situaciones del ámbito laboral a las que nos podemos enfrentar y que suelen tener costumbres totalmente diferentes en otros países, por ejemplo son los siguientes:

  • Mantener conversaciones coloquiales con colaboradores, compañeros, clientes, por ejemplo en la oficina, en el pasillo, en eventos informales
  • Evaluar a otras personas, sean colaboradores o compañeros o informes para los encargados o clientes
  • Dar una charla o presentación formal en una reunión
  • Dar o recibir cumplidos
  • Proponer y defender una idea a un compañero, jefe, inversor o cliente
  • Entrevista de trabajo
  • Eventos de networking
  • Pedir un favor o una opinión
  • Hacerme oír en una reunión
  • Contar un chiste

¿Estarías totalmente seguro de lo que es lo apropiado en cada una de esas situaciones? ¿Y también estarías cómodo actuando en ellas? Suena un poco difícil, ¿verdad? Pero, ¿qué se puede hacer para mejorar las destrezas que nos hacen falta a la hora de cruzar fronteras culturales?

Cómo mejorar la destreza intercultural

En su libro “Global Dexterity” (Destreza Global), Andy Molinski plantea la siguiente pregunta:

“¿Qué significa realmente ser un trabajador global y un verdadero ciudadano del mundo hoy en día?”

Para él, básicamente significa ser capaz de adaptarse a uno mismo y el propio comportamiento a las necesidades de otras culturas con las que tenemos que interactuar – sin perder nuestra propia identidad. Da mucho énfasis a que eso no solo es difícil aun queriendo y aplicando todas las normas, sino que también hay una serie de barreras psicológicas que nos impiden aplicar el conocimiento sobre la otra cultura que ya hemos adquirido. A muchos, nos da mucha vergüenza actuar en entornos desconocidos y nos pilla totalmente fuera de la zona de confort como ya dijimos arriba. La de movernos libremente en otros ambientes culturales es una tarea bastante compleja y que nos tenemos que plantear a largo plazo. No es suficiente hacer un cursillo de A2 del idioma en cuestión y ver alguna película con subtítulos. Se trata de un proceso de aprendizaje que dura y se va perfeccionando durante toda la vida.

Eso no significa que no sea una destreza que es absolutamente necesaria e imprescindible en nuestro mundo de hoy y que deberíamos de plantearnos desarrollar al máximo, sobre todo si por nuestro trabajo ya estamos implicados en un entorno internacional.

Un primer paso consiste en darnos cuenta de dónde están nuestras limitaciones, tanto psicológicas como de conocimiento para a continuación desarrollar un plan para superarlas.

Según Molinsky, la destreza global no depende en primera línea de conocimientos aprendidos de memoria y de un largo proceso de aprendizaje y entendimiento profundo. Más bien propone desarrollar más la habilidad de analizar el comportamiento de un ambiente desconocido, destacar lo que es diferente a lo que conocemos y encontrar un planteamiento de acercamiento con el que nos podemos mover por esa cultura desconocido sin saber aun absolutamente todo lo que hay que saber sobre ella. Los seis campos que propone para analizar de forma rápida a una cultura son los siguientes:

  • Franqueza
  • Entusiasmo
  • Formalidad
  • Asertividad/ firmeza
  • Autopromoción
  • Información ofrecida sobre la propia persona

Cada cultura se evalúa, pues, en función de si tiene (muy) alta o (muy) baja cada una de las seis dimensiones. Por ejemplo, la franqueza y la forma muy directa de decir las cosas son muy elevados en EE.UU., algo menos en Europa y cuanto más se va al Este, menos se aprecia. En el mundo árabe las cosas se dicen de una forma más indirecta, igual que en muchos países asiáticos.

A la hora de adaptarse a una cultura desconocida, nos enfrentamos a tres barreras psicológicas:

  1. Autenticidad
  2. Competencia
  3. Resentimiento

Cuando queremos modificar nuestro comportamiento, aunque sea una decisión consciente, no nos sentimos auténticos al principio del proceso de adaptación. Otras veces simplemente nos faltan conocimientos y habilidades para comportarnos de la forma deseada. Y también hay personas que, incluso cuando ven que la adaptación es una necesidad, resienten tener que adaptarse. Para conseguir una adaptación adecuada, hay que superar primero esos tres obstáculos psicológicos. Solo después de eso, podremos empezar a conocer más datos sobre la cultura nueva y observar los comportamientos de las personas que ya viven esa cultura para emplear sus patrones de actuación.

 

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